Resistencia y cuidado
5 de Febrero de 2026
Hoy amaneció con ese olor a tierra mojada que tanto me gusta. Mientras veía la llovizna por la ventana, me quedé pensando en la palabra "resistencia". No la resistencia épica de los discursos, sino la cotidiana, la que se teje en silencio o entre mates compartidos.
En estos días, escucho mucho sobre "la eficiencia", "el mérito" y "el ajuste necesario". Palabras que sueltan como baldazos de agua fría para justificar recortes, para vaciar programas culturales, para dejar a pibes y pibas sin recursos, para mirar para otro lado mientras el hambre crece. Pero en las calles, en las ferias, en los espacios comunes, la palabra que late es otra: cuidado.
Cuidar el territorio, cuidar la memoria, cuidar a lxs que quedan afuera. Cuidar, incluso, las raíces de un árbol que nadie regó. En un sistema que nos entrena para producir y consumir hasta el agotamiento, elegir cuidar es un acto político. Y me pregunto: ¿cómo se cuida en un país donde el gobierno actual parece empeñado en desmantelar todo lo que huele a comunidad?
Veo a mis amigues organizando redes para contener a quienes son expulsadxs de sus casas. Veo a colectivos de artistas pintando murales que gritan "Palestina libre", mientras los medios hegemónicos repiten cifras sin humanidad. Veo a vecinos juntando alimentos en una olla que no para de crecer. Ahí, en los márgenes, está la verdadera eficiencia: la de la solidaridad.
No tengo respuestas grandilocuentes. Solo la certeza de que en este sur del mundo, la resistencia tiene olor a tierra mojada, sabor a mate amargo y color de bandera diversa.
Quizás, en este tiempo de lógicas frías, bitácoras como esta sean también una forma de cuidado. Un modo de decir: acá estoy, pensando en voz alta, con broncas y esperanzas, lejos del ruido mercantil.
Nos seguimos leyendo.
Hassi.
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